La opacidad en el manejo de la información del gobierno de López obrador se ha trasladado al gobierno actual.
Durante el sexenio anterior, se clasificó información como de seguridad nacional, desde la supuesta rifa del avión presidencial, hasta el costo de las tres obras emblemáticas, pasando por los gastos ejercidos por diferentes dependencias.
El actual gobierno terminó de destruir una de las instituciones que le hacía mucho daño a los gobiernos populistas y mentirosos, el Instituto Nacional de acceso a la información pública, conocido como INAI.
Le hacía daño al gobierno porque era el instrumento que teníamos los ciudadanos para conocer la información, que en la mayoría de los casos debería ser pública, pero no era conocida hasta que hubiera petición expresa.
Los ciudadanos conocíamos cierta información del gobierno sobre casos de corrupción, nepotismo, tráfico de influencias e ineptitud, gracias a la investigación que realizaban periodistas o instituciones, como mexicanos unidos contra la corrupción y la impunidad.
Así nos enteramos del escandaloso caso de corrupción en segalmex, de la mansión habitada por el hijo del presidente en Houston, Texas y de diferentes denuncias contra el círculo cercano al presidente por actos de corrupción en la construcción, por ejemplo, del tren maya.
Pero también se conocieron detalles de operaciones y pláticas entre los actores involucrados, seguramente por filtraciones hechas a algunos medios de comunicación que con valentía los dieron a conocer, ganándose la animadversión de los miembros del gabinete, empezando por el propio presidente, que llegó al extremo de descalificar la información presentada y exhonerar por decreto verbal presidencial a los Señalados e involucrados.
Ejemplos hay muchos.
Casi en paralelo, se comenzó a conocer de los excesos en que han incurrido diferentes actores políticos, todos ellos ligados a Morena o a los gobiernos emanados de ese partido y sus aliados.
Viajes en primera clase, comidas en restaurantes de lujo en México y Europa, -en los Estados Unidos no porque parece que a los de Morena no les gusta o no pueden viajar hacia allá-.
Ostentación de los propios personajes en redes sociales con sus fotografías de viaje con ropa y accesorios como relojes, lentes, pulseras, anillos, collares y sombreros de marca, que muy pocos podrían justificar con sus ingresos como funcionarios públicos.
Al margen de la contradicción con el discurso público de la falsa austeridad republicana,
las evidencias se presentaban por fotografías tomadas por ciudadanos y hechas llegar a noticieros o difundidas en las redes sociales, que evidentemente provocaban respuestas que no les gustaban a los señalados y evidenciados.
Muchos de ellos lograron bajar a tiempo de sus redes sociales los testimonios y momentaneamente no fueron exhibidos, pero siguen presentándose acontecimientos altamente cuestionables en viajes, fiestas y excesos que nada tienen que ver con lo que pregonan.
Y al final, nos encontramos que llegamos a los testimonios escritos de personas que acompañaron el movimiento de López obrador que lo llevó a la presidencia y que después hizo presidente a Claudia Sheinbaum.
Quizá el primero en forma de artículos semanales en un diario de circulación nacional, fue el del ex secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, que en cada aportación señalaba que el gobierno estaba tomando decisiones que no conducían al camino correcto.
Después conocimos el libro de Elena Chávez, “El rey del Cash”, en donde se desnuda la forma de operación y financiamiento, desde que López obrador empezó con sus 200 pesos en efectivo y que le duraron los doce años de campañas y los 6 de su gobierno.
Recientemente se dio a conocer la publicación el libro “Ni venganza ni perdón” escrito en coautoria con el periodista Jorge Fernández Menéndez, por parte del que fuera uno de los hombres más cercanos al presidente, su consejero jurídico Julio Scherer.
Lo que ahí se señala, dará mucho de que hablar.