El Presidente en la soledad

El Presidente en la soledad

Los resultados que alcanzó Andrés Manuel López Obrador en las elecciones presidenciales de 2006 y 2012, le dejaron una clara enseñanza. En la competencia más cerrada, la de 2006, logró inclinar a su favor al 35.1 por ciento de los electores. En la segunda elección presidencial en la que contendió, la de 2012, logró el 32.61 por ciento de los votos. Desde entonces quedó claro que la base electoral de López Obrador lo convertía en un candidato altamente competitivo, pero era incapaz de otorgarle la victoria.

Para el proceso electoral de 2018 el candidato López Obrador decidió construir un gran frente en el que se pudieran sumar amplios segmentos de la población, pues las experiencias anteriores le demostraron que sus clientelas electorales eran consistentemente leales, pero insuficientes.

Para ese propósito, López Obrador empezó por construir su propio partido político. Aunque esa primera decisión podía haber generado dos poderosos polos de izquierda (el histórico PRD y el naciente MORENA), la realidad demostró, más pronto que tarde, que la gran mayoría de los militantes de izquierda abandonaron el viejo partido del logotipo amarillo, para acompañar al líder histórico bajo el emblema de su partido nuevo.

MORENA permitió, además, el acercamiento de un importante número de militantes de otros partidos políticos que, frente a la ausencia de cuadros propios, encontraron vía ancha para hacerse de candidaturas y después, de posiciones en el gobierno. Así, MORENA se convirtió en el partido que postulaba a ex panistas y ex priistas a un gran abanico de cargos de elección.

MORENA permitió la construcción de una coalición de partidos que incorporó a institutos de muy diversa, cuando no francamente contradictoria, postura ideológica. El pragmatismo en pleno construyendo mayorías.

Como sabemos, y como lo había vivido en carne propia López Obrador, los extremos no ganan elecciones. Por lo tanto, el siguiente paso era conquistar la voluntad de la clase media mexicana, en donde, después de las clases desfavorecidas que ya estaban entre sus clientes leales, se encuentra el segmento poblacional más amplio del país.

Para conquistar a ese segmento, López Obrador apostó por la mesura. Su mensaje central consistió en transmitir tranquilidad a la clase media para garantizar que no pondría en peligro los sustentos de estabilidad y crecimiento con los que ya contaba México y sobre los que se basa el bienestar de los trabajadores, los micro y pequeños empresarios, los productores del campo, los industriales y la inmensa mayoría que hace funcionar la economía nacional.

Para hablarle a ese sector aprovechó sus fortalezas: las estrategias de seguridad implementadas en 12 años no funcionaron por lo que cambiaremos la estrategia y la corrupción nos devora, por lo que se acabará la corrupción.

Sobre estas bases, López Obrador fue construyendo un respaldo social enorme. En la medida en que avanzaba la campaña, el equipo identificó que el crecimiento en las preferencias podía aprovechar a los candidatos a las Cámaras del Congreso Federal y a las gubernaturas, presidencias municipales y diputaciones locales en juego. López Obrador empezó a hacer campaña por los demás candidatos cuando ya estaba totalmente seguro de su triunfo.

El resultado electoral de 2018 no deja dudas. 53.19 por ciento del total de votos válidos emitidos, más de 30 millones de votos y, por lo tanto, el apoyo social más grande de la historia de México desde la transición.

La indiscutible legitimidad de López Obrador se basaba en un gran acuerdo nacional. Los mexicanos con sus votos y la política con sus alianzas, dotaron a esta administración de una fortaleza impresionante.

En la base de ese acuerdo nacional estaban, además de los votantes fieles de López Obrador (su 30 por ciento histórico), los nuevos integrantes representados por la clase media que antes votaba por los candidatos del PRI y del PAN. Por lo menos 23 por ciento del electorado.

En esa nueva base están los trabajadores asalariados y los del empleo informal; las mujeres trabajadoras, estudiantes, amas de casa, profesionistas y empleadas públicas; los micro, pequeños y medianos empresarios; los profesores universitarios, los científicos, los productores de arte, los productores e industriales del campo; los artistas, los empresarios y trabajadores de las cadenas de producción de las exportaciones mexicanas, y un largo etcétera.

En los primeros 500 días de gobierno el Presidente está destruyendo, lenta pero consistentemente, el acuerdo social que logró en el proceso electoral.

La primera víctima fue su propio partido. Muy pronto decretó que si MORENA no funcionaba como partido, es decir, como una agrupación de ciudadanos libres en la que chocan irremediable y fuertemente posturas, intereses y pasiones humanas, él abandonaría ese barco. Como MORENA aspira a consolidarse como partido, ha sido abandonado y su caída en las preferencias electorales es alarmante. López Obrador le restó a sus apoyos.

La segunda víctima notoria del abandono de López Obrador fueron las mujeres. Como nunca en la historia de México, el tema de los feminicidios aglutinó a una enorme mayoría. López Obrador se sintió atacado por el reclamo y decidió ignorar la profundidad del problema. Con resentimiento argumentaba que todas las madrugadas se reunía con el Gabinete de Seguridad y que, por lo tanto, estaba cumpliendo cabalmente con el compromiso de dotar de seguridad a las mujeres. Nadie entendió esa respuesta y López Obrador le restó a sus apoyos.

La tercera víctima fue el sector salud. En un desaseado intento por detener la criminal corrupción en la compra de medicamentos, el gobierno incurrió en la criminal decisión de dejar de comprar y, por lo tanto, en dejar de surtir. Médicos, pacientes, padres de familia, niños en riesgo de muerte y todo mundo rogando porque se resolviera el problema. López Obrador culpó a la mafia del poder y, por cada familiar no atendido o incluso muerto, restó miles si no millones a sus apoyos.

Hoy López Obrador decidió que no se instrumenten apoyos fiscales para impedir que se pierdan empleos por la crisis del COVID-19. Hasta hoy esa crisis ha cobrado casi 350 mil empleos formales. Todavía no estamos en capacidad de medir la profundidad de este golpe, pero ya podemos afirmar que la decisión del Presidente dejará a millones de personas en condición de pobreza. López Obrador nuevamente le restará a sus apoyos.

El Presidente se dirige irremediablemente a la soledad. Sus bancadas legislativas están proponiendo medidas contra cíclicas. El Secretario de Hacienda afirma que seguramente en unos días el Presidente cambiará de opinión. Sus votantes del CONACYT, del FONCA y del FIRA exigen que no se utilicen los recursos de sus fideicomisos en programas sociales, los precios del petróleo no repuntan a pesar de sus éxitos diplomáticos y una mayoría importante en el país le pide que no le destine recursos a sus proyectos prioritarios.

El Presidente se dirige irremediablemente a la soledad, acompañado únicamente de los pobres que tengan acceso a sus programas sociales, pero con el resto de México decepcionado de la gran aventura a la que convocó, y que puede terminar en el periodo más empobrecedor desde la crisis de los 90 del siglo pasado.

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Humberto Aguilar Coronado

Politólogo y Master en Negociación por la UC3 de Madrid, España.

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