Rosario Robles o el Gatopardismo

Rosario Robles o el Gatopardismo

Rosario Robles o el Gatopardismo, recordar los hechos de la política mexicana de los años 80 es recordar el fenómeno del preso del sexenio. Todos los Presidente de la República emanados del PRI, desde Miguel de la Madrid hasta Peña Nieto, utilizaron la justicia penal para concretar venganzas, para obsequiarle a la opinión pública una presa apetitosa o, también, para minar el poder de los enemigos del régimen o de sus proyectos clave.

Así, recordamos a Jorge Díaz Serrano, Director de PEMEX en el sexenio de José López Portillo y, por ello, administrador poderosísimo de la fuente de riqueza más importante que ha tenido el país, que fue encarcelado durante el gobierno de Miguel De la Madrid. A Joaquín Hernández Galicia, la Quina, líder histórico del sindicato petrolero, que fue encarcelado durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Raúl Salinas, el hermano del ex presidente, que fue el preso insignia del sexenio de Ernesto Zedillo y la maestra Elba Esther Gordillo, la presa del sexenio de Peña Nieto.

Es fácil identificar la naturaleza política de esas medidas penales si observamos que el otro dato revelador es que esos personajes alcanzaron su libertad al concluir el periodo de gobierno del Presidente respectivo.

Casi puedo imaginar la psicología de los desafortunados que asumían que les tocaba desempeñar un rol en el engranaje que hacía funcionar el sistema político mexicano y que, una vez cumplido su papel y alcanzado su propósito, podrían libre y tranquilamente disfrutar el resto de su vida, con un alto costo en su reputación, pero en absoluta tranquilidad y con los suficientes recursos económicos.

En el caso del Presidente emanado de MORENA, parecía que no iba a utilizar el populismo penal para arrancar su gobierno.

Los datos apuntaban en esa dirección:

  1. La fortaleza de legitimidad derivada del resultado electoral parecía que demostrar que era innecesario acudir a esa práctica;
  2. Los discursos como candidato, Presidente Electo y como Presidente Constitucional, insistían rotundamente en que no se ejecutarían actos de venganza política a través de las instituciones de procuración de justicia;
  3. Las maniobras ilegales y tramposas del gobierno de Peña Nieto en contra del candidato Anaya a través de la PGR que acabaron favoreciendo a MORENA permitieron que los analistas imaginaran un pacto implícito entre Peña Nieto y López Obrador para no perseguirlos penalmente durante el gobierno de este último.

Al inicio de la nueva administración fuimos testigos de los principales efectos de las acciones de gobierno. Todas ellas fueron exitosas en hacer crecer los niveles de popularidad y aceptación del Presidente. El gobierno envió sus mensajes principales a través de la cancelación del Nuevo Aeropuerto y a través de las medidas de austeridad salarial. El reforzamiento de su popularidad hicieron suponer que este gobierno no utilizaría la justicia como arma política.

Esta creencia se basaba en otro ingrediente de naturaleza estructural. En la última década México ha invertido enormes esfuerzos, legislativos y administrativos, humanos y presupuestales, para construir un Sistema de Justicia Penal que permitiera, entre muchos otros propósitos, impedir el uso político de las instituciones de justicia y seguridad. Este sistema se basa en la Presunción de Inocencia y la excepcionalidad de la Prisión Preventiva, a partir de las cuales el ingreso de una persona a prisión supone una decisión objetiva, plenamente justificada y, por lo tanto, incuestionable.

Que el nuevo sistema de justicia penal funcione supone, entre otras cosas, que el respeto al Estado de Derecho consolide el principio de Seguridad Jurídica. Es decir, que todo mundo tenga la posibilidad de prever, estimar y calcular razonablemente bien cuáles serán las consecuencias jurídicas que se pueden esperar de una situación.

El lunes 12 de agosto, Rosario Robles, su defensa, los especialistas y los medios de comunicación estimaban que lo esperable, lo previsible de la audiencia inicial de vinculación a proceso era que, en efecto, Rosario Robles fuera vinculada a proceso pero que no se dictara prisión preventiva.

Las razones en que se fundaban estas previsiones eran, primero, que los hechos de la acusación no están, en lo general controvertidos y la disputa se reduce a determinar si constituyen o no una conducta delictiva (Robles y su defensa sostienen que los hechos que se le imputan, siendo en general ciertos, no constituyen actos delictivos), por lo que era previsible que fuera vinculada a proceso para que un Juez determine lo conducente y, segundo, que el delito imputado no se incluye en el catálogo de los que permiten la prisión preventiva oficiosa y que la acusada, se presentó voluntariamente a declarar.

Por ello resultó sorpresiva la decisión del Juez Delgadillo de decretar la prisión preventiva justificada en contra de Rosario Robles por existir datos de los servicios de inteligencia de la Fiscalía que señalaban que se había tramitado una licencia de conducir con un domicilio diferente al que informó Robles y que ello justificaba el riesgo de fuga.

En medio de la sorpresa por la decisión del Juez surgieron un dato y tres reacciones que ponen en duda toda la credibilidad sobre la limpieza jurídica del proceso en contra de Rosario Robles.

El dato: El Juez es sobrino de la Senadora por Morena Dolores Padierna.

Las reacciones a partir del dato del parentesco del Juez.

  1. El Ministro Arturo Zaldívar, Presidente de la Corte, tuvo que salir a defender la independencia del Poder Judicial y justificar que el expediente no pudo haber sido asignado a ese juez en particular por la voluntad o decisión de alguien.
  2. El Presidente López Obrador tuvo que salir a garantizar que la prisión preventiva no era un acto de venganza orquestado desde la Presidencia; y
  3. La Senadora Padierna tuvo que salir a señalar que el parentesco del juez no lo vuelve corrupto.

Lo cierto es que los dos meses (seguramente serán 6) de prisión preventiva de Rosario Robles tienen toda la apariencia de una venganza política que le cobra a la señora Robles las deudas de los escándalos de Bejarano, la traición a Andrés Manuel López Obrador y, seguro lo más grave, el apoyo incondicional al proyecto del PRI de Enrique Peña.

Ni México, ni el Presidente necesitaban esto. Sin embargo, parece que estamos viviendo un nuevo Gatopardismo que actualiza la famosa frase de la novela de Lampedusa: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

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Humberto Aguilar Coronado

Politólogo y Master en Negociación por la UC3 de Madrid, España.

Esta entrada tiene un comentario

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    Francisco De Silva Ruiz

    Felicidades Tigre, excelentes disertaciones de lo que esta ocurriendo en los distintos ámbitos de la vida en nuestro País.

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