Leí con mucha atención el artículo publicado en el periódico Reforma de Ana Laura Magaloni, en donde sostiene que, en 7 años, “pasamos de un sistema político plural y dividido -en el que ninguna fuerza política podía gobernar sin negociar con otras- a uno donde el poder se ejerce prácticamente sin contrapesos externos formales. Morena concentra la Presidencia de la República, la mayoría calificada en el Congreso, gobierna 23 entidades federativas y controla la mayoría de las legislaturas locales. En los hechos, no hay legisladores que bloqueen reformas ni tribunales con capacidad real de invalidar decisiones del poder político. El gobierno ya no necesita convencer a nadie fuera de su propio movimiento”.
Es decir, no necesita negociar y lo peor es que no quieren negociar para acercar posiciones.
En 2016 escribí mi libro “La negociación: ¿es necesaria en la política?” Y ahí confirmaba la necesidad de que, en una democracia participativa, para que se conserve la gobernabilidad democrática, es necesaria una acción política que se realice todos los días entre gobernantes, legisladores, partidos políticos, organizaciones sociales y ciudadanos: la negociación política.
Por eso se debe entender que, en el campo de la política, dentro de la democracia, existe una actividad que también se realiza todos los días entre diversos actores para, por lo menos en el discurso, buscar que las decisiones que se toman para generar políticas públicas y bienestar a la sociedad gobernada tengan el mayor consenso posible.
Antes se cuestionaban y se discutían las decisiones que habían sido tomadas por la autoridad; se juzgaba el apoyo que a ella le habían dado las principales fuerzas políticas representadas por los partidos y sus grupos parlamentarios, y se cuestionaba la legitimidad de estas por los ciudadanos, sin conocer todo el proceso que se había llevado a cabo para llegar a la decisión tomada.
Es precisamente ese proceso, llevado a cabo antes de dar a conocer o tomar la decisión correspondiente, el que denominamos negociación política: un proceso compartido entre la mayoría y las minorías que conlleva una actividad, en el cual el diálogo en la pluralidad, el respeto al adversario y la necesidad de la solución adecuada exigen el acuerdo.
Desafortunadamente llevamos 7 años en los que la negociación política ha quedado en el baúl de los recuerdos, porque la vocación de estos gobiernos está muy lejos de ser una vocación democrática, que reconozca que se requiere diálogo, respeto a la oposición y reconocimiento de la opinión divergente.
Ahora se descalifica al que opina diferente, se invisibiliza a las voces de la oposición que deberían resonar fuerte y claro, se amenaza con los instrumentos del estado a quienes investigan y dan a conocer actos de nepotismo, excesos y corrupción, o al final, se miente desde el poder para afirmar que siempre se tiene la razón y que es voluntad de la mayoría que decidió con anterioridad.
En política, como en la vida, nada es para siempre. El pensamiento uniforme al final no logra avanzar en el tiempo porque se imponen las libertades y en muchos de los casos, la razón.
Por eso es muy importante que nuestro país vuelva a tener un sistema político plural, un gobierno dividido, una auténtica separación de poderes y unos contrapesos institucionales para el poder para que regrese la negociación política.