El fentanilo, como parte de los medicamentos opioides, es un analgésico que permite controlar dolores muy fuertes, siempre y cuando se utilicen de manera médica y controlada.

En cambio, si no se administran al cuerpo humano de manera controlada, lo que logran es aumentar la sensación de placer y provocar efectos muy peligrosos, como la disminución de la frecuencia cardiaca y la frecuencia respiratoria.

El problema del fentanilo químico es que cuando se produce esa sensación de placer, seguramente se quiere seguir consumiendo más y generando adicción.

Al elevar el nivel de consumo en un país, los problemas se convierten en fatalidad.

Por ejemplo, en los Estados Unidos, su oficina de aduanas y protección fronteriza informó que del 2019 al 2022, se incautó más del 400%, lo que significa que el tráfico de la sustancia es mucho mayor y su distribución eficaz.

Se ha conocido que, en 2021, en el país del norte murieron casi 110 mil personas, lo que alertó al gobierno estadounidense, por lo que comenzó a reclamar al gobierno mexicano la producción y distribución del fentanilo.

El gobierno mexicano a través del presidente había declarado insistentemente “que en nuestro país no se produce el analgésico opioide sintético, ni su materia prima”, sin embargo, solo unos días después en su tradicional mañanera, aceptó que en México si existen laboratorios donde se produce fentanilo, aunque afirmó que la materia prima provenía de Asia.

Desde el 2022, se han conocido decomisos de fentanilo en el estado de Sinaloa, incluido el laboratorio más grande de producción de esa droga del que se haya tenido registro, lo que evidentemente confirma su producción en nuestro país, para su posterior distribución.

Todo esto ha llevado al gobierno de Estados Unidos a actuar de manera decidida a través de la DEA y se conoció, hace unos días, que infiltraron a la organización criminal del cártel de Sinaloa para obtener información sobre la fabricación y tráfico de fentanilo, además de acusar formalmente a “Los Chapitos”, hijos del “Chapo Guzmán”, por tráfico de drogas, armas y lavado de dinero.

La respuesta del presidente fue furiosa al reclamar la intromisión de agentes de la DEA sin el permiso de las autoridades mexicanas.


El reclamo puede ser válido, pero estas situaciones de crisis se enfrentan entre los países afectados, diseñando de manera conjunta una estrategia para frenar la producción y distribución de la droga y no negando lo evidente, para después contradecirse y posteriormente sorprenderse de que otros hagan lo que el gobierno mexicano debería de hacer.

En la omisión para enfrentar el problema, está la relación entre fentanilo, “los chapitos” y el presidente, porque la respuesta no es su prohibición para uso médico.