Dice la presidenta Claudia Sheinbaum que la derecha es el odio, el clasismo, el racismo y la represión, que supuestamente hablan de libertad, pero solo de unos cuantos.

Afirmó que del otro lado (supongo que se refiere al espectro ideológico en el que ella milita y promueve) está el amor, la solidaridad, la fraternidad, la inclusión, la prosperidad compartida y la libertad con bienestar.

Si alguna persona que no conozca la situación que atraviesa nuestro país la escucha, seguramente satanizaría a la derecha y amaría a quién está gobernando.

Pero en nuestro país, las cosas no son así y la presidente debería preocuparse porque nadie, desde el gobierno, promueva el odio, el clasismo, el racismo y la represión.

Desafortunadamente es ella misma la que lanza esas expresiones, que vienen a dar seguimiento, al discurso del pasado reciente.

Porque hay que recordar que, durante todo el sexenio anterior, desde la palestra presidencial, todos los días el presidente promovió eso que señaló la presidenta y que se lo adjudicó a la derecha.

La promoción del odio y culpa al pasado político, fueron la constante cuando se abordaba cualquier tema social o de gobierno durante las diarias mañaneras.

El clasismo fue instaurado desde el momento mismo que el presidente, siendo candidato, encajonó a los que no pensaban de la misma manera que él, de “fifís”, a lo que la sociedad reaccionó calificando a sus seguidores de “chairos”, instaurándose una polarización que en nada ha ayudado a la unidad de los mexicanos.

Si hablamos de racismo, basta mencionar la terca exigencia del presidente López Obrador de la disculpa pública, a la corona española y al papa, por los supuestos excesos cometidos durante la conquista, contra los pueblos originarios, fomentando una innecesaria polarización entre los mexicanos.

En cuanto a la represión, solo basta ver las imágenes de las últimas marchas para conmemorar el día internacional de la mujer o la manifestación pacífica de hace unos meses, cuando la sociedad exigió justicia por el asesinato del alcalde Carlos Manzo.

Por otra parte, desde el gobierno y la posición que representa la presidente, ciertamente no se ve la proyección de amor que se señala; no se ve la solidaridad, por ejemplo, con las organizaciones de la sociedad civil o con las madres buscadoras; no se ve esa fraternidad e inclusión con periodistas, influencers y miembros de partidos políticos o ciudadanos en general, que no piensan como ella.

No se entiende bien que quiso decir al señalar lo que ella entiende por libertad con bienestar.

En una cosa coincido con ella, cuando afirma que, si no hay libertad de expresión o de reunión, no se puede hablar de libertad.

Esperemos que no solo se respete, sino que se promueva desde el gobierno, la libertad de expresión y de reunión, porque es un hecho que en México se ha pasado de la confrontación temática a la confrontación ideológica, etiquetándose las posiciones en derecha y populismo.